Al pie de los Alpes, Zurich atrapa al visitante con sus museos, el casco antiguo y el entretenimiento que brinda.
Se puede tomar como punto de partida a la Hauptbahnhof, la estación central desde donde parten los trenes locales e internacionales. Desde allí, puede apreciarse a la Zurich financiera, en donde se observan las vidrieras de lujo, junto con edificios de oficinas y las fachadas de los bancos que componen un paisaje entre formal y fastuoso.
Caminando por Agustinergasse, una calle bordeada de locales antiguos y diversos bares, arribará a la iglesia de San Pedro, la cual se distingue por su torre que se encuentra rematada por un gran reloj. En la parte posterior de dicha iglesia se halla la abadía de Fraumünster, cuya edificación data del el siglo XIII, que está decorada con atractivos vitrales.
Desde Fraumünster, se llega a la catedral de Grossmünster, un santuario de 900 años de antigüedad cuyas torres sirven de referencia para los turistas para ubicar el casco viejo de la ciudad.
Otro rincón con encanto es el barrio de Niederdorf, el cual tiene un trazado medieval, calles peatonales, acogedoras tiendas, restaurantes, y cafés, que ofrecen una combinación singular entre el pasado medieval y el fomento vanguardista de inicios del siglo XX.
En Zurich lo más conveniente es utilizar el tranvía, tren, teleférico o autobús para trasladarse. Asimismo, es posible optar por realizarlo en una bicicleta de alquiler.
En el verano y la primavera, nada más apropiado que ir a los “badis” o balnearios, en donde hay terrazas para tomar sol y darse un chapuzón.

